devocionales

Formación de Carácter Ministerial

Adoración y humillación Parte III

Colosenses 3:12 "Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de HUMILDAD, de mansedumbre, de paciencia".

Mateo 11:29 "Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y HUMILDE de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas"

Dice Jesús, de hecho, éstos son los que el Padre busca…

Somos altivos cuando opinamos contra autoridades de ambientes que nosotros no gobernamos; somos altivos cuando hacemos planes y le decimos a Dios cómo puede usarnos; somos altivos cuando nos quejamos porque nos ponemos en el lugar de la exigencia; somos altivos cuando pretendemos usar la unción para nuestra seguridad. Tenemos que tener cuidado cuando decimos que queremos ser adoradores, porque entonces el Padre nos pasará por el proceso de la humildad. Esta fue la situación de David, y de Jesús mismo.

La humildad se desarrolla en medio de los hombres, no se puede desarrollar humildad ante Dios, sin ser humildes ante los hombres. Desarrollamos humildad estando en intimidad con Dios y ocupando nuestro lugar ante los hombres. El humilde no lucha contra el cuerpo de Cristo, lo protege. El humilde no se defiende a si mismo, lleva su carga ante Dios y confía en Él, porque Él dice: “mía es la venganza”.

La humildad es un lenguaje que abre las puertas. No hay quien se resista al hombre humilde. La humildad recompone relaciones; sana matrimonios; restaura relaciones de padres e hijos; facilita el perdón de traumas antiguos, y acelera el proceso de sanidad; evita el estrés de la competencia; se goza de las alegrías de los demás, por lo tanto multiplica las opciones de tener gozo; abre puertas y favores de los demás sobre nosotros; favorece el oído de Dios sobre sus pedidos; evita el estrés de la apariencia; facilita la corrección de errores y faltas; facilita la posibilidad de pedir perdón arreglando situaciones rotas.

Romanos 12:16 "Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los HUMILDES. No seáis sabios en vuestra propia opinión".

2 Corintios 7:6 "Pero Dios, que consuela a los HUMILDES, nos consoló con la venida de Tito".

El Humilde No tiene necesidad de reconocimiento publico, de halagos ni adulaciones. No se sabe rechazado porque conoce su lugar. La falta de humildad conlleva justicia personal, ira, contiendas, enojos, dificultad en el relacionamiento, demora en la recomposición de las relaciones, falta de perdón, estrés y agotamiento por la competencia y deseo de gloria y reconocimiento.

¿Que cosas creen que genera la falta de humildad?

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